¿Quiénes son los líderes de la Biofortificación en Guatemala?

¿Cómo podemos crear alimentos  más nutritivos para toda la población­?   Alimentos como el arroz, camote, papa, yuca, maíz y frijol.   En nuestro primer boletín del Comité Nacional de Biofortificación presentamos a los investigadores guatemaltecos del Instituto de Ciencia y Tecnología (ICTA) quienes dirigen el desarrollo de cultivares biofortificados en Guatemala. A continuación se presentan  los perfiles de los investigadores, información sobre sus esfuerzos y sus esperanzas con respecto a  la biofortificación en Guatemala.

Jorge Cardona – Coordinador Programa de Maíz, Encargado de Planta de Semillas, ICTA

El primer enfoque de la biofortificación dentro del Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícola (ICTA),  fue el maíz debido a que este es el cultivo más consumido en la dieta guatemalteca.   Jorge Cardona ha sido parte del ICTA durante siete años, de los cuales dos de ellos como el Coordinador del Programa de Maíz, dicho programa trabaja con el maíz  QPM (Quality Protein Maize en inglés) o maíz con altos niveles de proteína.

En los últimos 10 años  el ICTA ha realizado pruebas para desarrollar una variedad de QPM que contenga altos niveles de proteína y que también aguante la sequía, con el  apoyo del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) en México. Su primer trabajo fue la creación del hibrido ICTA-Maya, de lo cual se han distribuido más de  10,000 quintales a pequeños productores  en Guatemala.

Otro gran esfuerzo ha sido identificar una variedad que sea de  polinización libre  en lugar  de híbrido (para que los productores puedan guardar y sembrar semilla cada año). Ya tienen varias líneas promisorias después de tres años de ensayos. También, durante  este año el ICTA estará realizando ensayos con variedades de QPM que combinan altos niveles de Zinc. La meta es liberar una semilla de QPM que tenga resistencia a la sequía para el año 2016 y otra con cinc para el año  2017.

Julio Villatoro – Coordinador Programa de Frijol, ICTA

Julio Villatoro ha trabajado con el frijol biofortificado desde el año 2004 con el apoyo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y Agro-Salud (HarvestPlus). Cuando empezaron el proyecto, tenían la esperanza de subir la cantidad de hierro en el frijol el 30% – 40% de la cantidad normal, pero sin perder su resistencia a factores externos. Por ejemplo, frijoles comerciales ya tenían resistencia contra el virus del Mosaico Dorado, lo cual se transmite por la mosca blanca. Para ser aceptado por los pequeños productores del país, cualquier variedad biofortificada de frijol debía tener esta misma resistencia.

En el altiplano ya se ha  logrado desarrollar un frijol con alta cantidad de hierro que se llama Superchiva, y entre el 2007 y 2008 se aprobó otra variedad para la parte norte del país que se llama ICTA Peten. Para  los siguientes años se espera continuar recibiendo nuevos materiales de plantas para implementar en Guatemala.

Sin embargo, para el Ingeniero Villatoro, la biofortificación no consiste solo en desarrollar la tecnología, sino también en cambiar las costumbres de los guatemaltecos. Actualmente en el país la dieta de la mayoría de la población consiste de un 95% de maíz y 5% de frijol, sin embargo el nivel adecuado para una dieta balanceada sería el 70% de maíz y 30% de frijol.

Este trabajo con el frijol es sumamente importante debido a  las altas tasas de anemia en Guatemala. Se estima que de 80 a 100 mujeres jóvenes guatemaltecas mueren cada año durante el embarazo o en el parto debido a la anemia severa por falta de hierro (UNICEF). Para poder reducir la tasa  de anemia en Guatemala, el  Ingeniero Villatoro opina que hay que lograr dos cosas: primero, mejorar las líneas de frijoles y llevarlos a los agricultores para que las prueben, y segundo, difundir la información y los cultivares ya existentes.

Julián Ramírez – Mejorador de Arroz, ICTA

Se estima que la deficiencia de zinc afecta alrededor de una tercera parte de la población mundial y que es responsable de casi un millón de muertes a cada año a nivel mundial  (UNICEF). Exacerba diarrea cuando se dan enfermedades digestivas, previene el crecimiento físico y daña la capacidad mental. Por estas razones existe un gran interés en la biofortificación de cultivos con zinc.

En los últimos años el  consumo del arroz en Guatemala ha aumentado constantemente. En el año 2014, Guatemala consumió alrededor de 93,000 toneladas métricas. Actualmente, alrededor del 40% del arroz consumido en Guatemala es arroz local y la producción se da en 13 departamentos del país. El resto viene del exterior, principalmente los  Estados Unidos.

Debido al gran consumo de arroz en la dieta guatemalteca y a la falta de zinc que este presenta, Julián empezó a trabajar con arroz biofortificado con zinc en el 2014. El año pasado se inició el primer vivero del país con 90 líneas de arroz que llegaron de parte del CIAT en Colombia. El arroz biofortificado con zinc ya ha sido investigado y desarrollado en otros países como Nicaragua, Panamá y Colombia, y Julián espera tener el mismo éxito con el arroz biofortificado en Guatemala.

¿Cuáles son los siguientes pasos? De los 90 materiales recibidos, Julián ha  seleccionado 22 para seguir probando en varios lugares de Guatemala. ¿Su criterio? “rendimiento, desarrollo de la planta y apariencia del grano – si es largo o corto,  redondo o delgado.” Después los enviará mejorados a CIAT para averiguar sus niveles de zinc.

Cuando le preguntamos a Julián por qué era tan importante la biofortificación en Guatemala, nos explicó que además de alimentos fortificados o tomar vitaminas, la biofortificación es una de las estrategias más eficaces y accesibles para que la  población rural pueda consumir vitaminas y minerales en la dieta.

Mario Morales Montoya – Coordinador Programa de Hortalizas, ICTA

El Ing. Mario Morales trabaja con la biofortificación de yuca, camote y papa,  para producir variedades con altas cantidades de hierro, zinc y betacarotenos. Su enfoque en la biofortificación empezó en el año 2012 con la yuca y el camote, cuando investigadores del ICTA iniciaron una colaboración con el Centro Internacional de Papa (CIP) en Perú. Ese año recibieron 14 cultivares diferentes de camote y se dedicaron a climatizarlos en los laboratorios del ICTA. De estos 14 cultivares eligieron materiales que cumplieron los requisitos de rendimiento y contenido de betacarotenos, hierro y zinc. El siguiente año realizaron ensayos experimentales en Zacapa, Baja Verapaz y Escuintla. Tras el proceso de elegir materiales adecuados para Guatemala, se quedaron con dos materiales a los que actualmente se les está haciendo su última validación en los departamentos de Zacapa, Chiquimula, Chimaltenango, Escuintla, Huehuetenango y Suchitepéquez.

Desde el año 2012 se ha trabajado la yuca, con el apoyo del CIAT, quien abasteció al ICTA de 15 variedades experimentales. Sin embargo, la aclimatación de la yuca sigue siendo un reto principal para los investigadores  y este año se  estarán realizando 3 ensayos con la yuca los cuales se llevaran a cabo en  San Gerónimo Baja Verapaz, Huehuetenango y Escuintla.

En 2014 el ICTA hizo un acuerdo con la organización de HarvestPlus para desarrollar variedades de papa con altos niveles de hierro y zinc. En Guatemala cada año se cultiva cerca de 18,000 hectáreas de papa, lo que significa que ésta investigación puede tener un gran impacto en la vida de muchos productores y consumidores.

El Ing. Morales nos explicó que los betacarotenos son importantes por su cantidad de vitamina A, la cual normalmente hace falta en la dieta rural por la falta de variedad de alimentos. Ahora está investigando la industrialización del camote biofortificado, lo cual ya se está realizando  en otros países como Panamá, Nicaragua y El Salvador.

Aprende más sobre el Comité Nacional de Biofortificación aquí.

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